Apuntes para el respeto de las manifestaciones populares

EN EL NOMBRE DE SANTIAGO

 

 Escribe: Jair Pérez Brañez  (Publicado en el Diario Correo de Huancayo)

 

En los últimos días, en las inmediaciones del centro histórico de Huancayo, se han distribuido volantes cuyo tenor es el vejamen de la fiesta popular de Santiago. Los firmantes, Banda misionera Eli Jireh, “advierten” que esta práctica es diabólica y pecaminosa. Nosotros consideramos este desatino como un atentado flagrante a las manifestaciones populares del pueblo andino.

 

José María Arguedas en un articulo publicado el 22 de enero de 1967, en el diario El Comercio dice: “Las danzas andinas ceremoniales o mágicas de antigüedad muy grande se encuentran en la actualidad en proceso de extinción o de readaptación. Debido a las creencias mágicas por el intercambio activo con las ciudades de la costa y el acceso cada vez más vasto de la población indígena a las escuelas, el culto a los dioses locales, especialmente a las montañas (wamanis, aukish, apu) se convierte en patrimonio de los viejos, y las danzas y las ceremonias con que se manifiesta este culto se desintegran”.

 

El escritor de los Ríos profundos manifiesta una honda preocupación por la extinción de las manifestaciones populares. Esta descomposición de las expresiones del pueblo andino, responden a intercambios económicos, y la aculturación del hombre andino en la escuela. Arguedas consideraba que era deber de la sociedad respetar y vigilar la continuidad de estas manifestaciones. Sin embargo desde hace muchos años hay un fuerte proceso de aculturación que viene posibilitando un decaimiento de las prácticas ancestrales. Hablamos pues de un tipo de “Guerra civilizadora” que enfila sus baterías desde tres frentes: la escuela, institución que desarraiga y educa con usos y costumbres ajenas a la comunidad. Los medios de comunicación, que venden modelos de vida dirigidos, desde y para el consumo. Y las instituciones religiosas, que son dogmáticamente intolerantes con las expresiones populares. La guerra civilizadora es pues un violento y agresivo proceso de aculturación, que comienza con la conquista del Perú.

 

A la llegada de los españoles se dan diferentes reacciones en los indígenas, estas reacciones, llamadas “mecanismos de resistencia” son: “la dependencia”, traducido en una aculturación, donde el grupo indígena asume los valores de la cultura occidental. Por otro lado el mecanismo de “lucha y fuga”, traducido en una resistencia militar. Finalmente “el apareamiento”, donde hay una continuidad de elementos simbólicos andinos, revestidos de una forma occidental; esto es el sincretismo.

 

Muchas de las celebraciones populares son el resultado de esa mezcla sincrética de dos culturas. Una de ellas, y quizás la más importante en el Valle del Mantaro, es la “fiesta de la herranza” conocida también como “fiesta del ganado y pastoreo”, o popularmente, como “Santiago”. Esta celebración tiene una profunda carga dual, ya que no hay celebración del “Santiago” que no este precedida por una misa, en clara consonancia con la idea cristiano-occidental. Y no hay celebración de “Santiago” que no involucre elementos andinos prehispánicos, como el culto a los dioses tutelares, los apus, mallquis, y diferentes elementos andinos inmanentes al hombre del campo.

 

La Iglesia protestante irrumpe violentamente en este tipo de prácticas populares. Un ejemplo de ello son los múltiples testimonios recogidos, sobre la incineración de “Cruces de Mayo” en algunos pueblos del Valle del Mantaro. De esta manera, este tipo de instituciones religiosas realizan su “proselitismo” sin reconocer objetivamente al “otro”, evidenciando una dogmática intolerancia como lo que fue la inquisición católica.

 

Un ejemplo actual de estas prácticas de la “guerra civilizadora” son unos volantes que han sido distribuidos por la ciudad de Huancayo,  por los productores de un espacio radial, que se transmite en una radio cristiana evangélica. El volante titulado como “¿Que es (sic) en realidad la Fiesta de Santiago?” sintetiza en dos arbitrarios párrafos la definición de la festividad de “Santiago”, cosa que nos parece un exceso, ya que ni los mas connotados exegetas de la antropología podrían esquematizar las múltiples lecturas de esta festividad en tan poco espacio.

 

Con un lenguaje mal estructurado, y haciendo gala de todos los vicios de la redacción, los libelistas continúan su texto calificando a la fiesta de “Santiago” como una actividad diabólica y pecaminosa. Para ello se sirven de citas de la Biblia arbitrarias y fueras de contexto. Un extracto de este pasquín puede ser más ilustrativo:

 

“La FIESTA DE SANTIAGO es una de las fiestas mas corrompidas donde corre mucho pecado (sic), muchas jovencitas pierden su virginidad con prácticas de fornicación que es el acto sexual antes de ser casados. La palabra de Dios dice: NO FORNICARAS HUID DE LA FORNICACION; también abunda el adulterio que es el acto sexual entre personas casadas que traiciona el pacto matrimonial y luego traen consecuencias muy lamentables de celos (sic), pleitos, separaciones, mutilaciones en la familia (sic),  acuchillamiento y hasta muertes con suicidios y asesinatos (sic y más sic)” 

 

Los “acuchillamientos” y las “fornicaciones” que los detractores manifiestan, no son una característica de la festividad del ganado y pastoreo. La importancia de esta festividad en el pueblo andino es múltiple, entre ellas, la de configurarse alrededor del “Santiago” todo un complejo grupo de formas de organización social, con sus propias normas y principios establecidos. Del mismo modo, esta celebración actualiza ritos ancestrales que se configuran como un patrimonio cultural vivo, y que “nuclean” nuestra ya menguada identidad.

 

Por lo expuesto, exigimos respeto a este tipo de manifestaciones populares, repudiamos frontalmente el ataque libelista, que debe ser considerado como crimen de lesa cultura, ya que, salvando las distancias, pueden tener su parangón en el atentado al muro inca provocado por los grafiteros chilenos.

 

Invocamos a los “civilizadores” a ser más tolerantes, reconociendo objetivamente los ritos y festividades andinas, lo cual ayudará a apreciar el valor que tienen para la vida del campesino. Del mismo modo creemos que no se les debe juzgar simplistamente como idolatría o paganismo, ya que su valor como tal es más que una idea abstracta, como la religión, es mas bien una práctica cotidiana que se vive y se celebra. Finalmente creemos al igual que Arguedas que es deber de la sociedad respetar y vigilar la continuidad de estas manifestaciones.

 

(Abajo: Volantes distribuidos en la zona central cuyo tenor es el vejamen de la fiesta popular de Santiago. Los firmantes, Banda misionera Eli Jireh, “advierten” que esta práctica es diabólica y pecaminosa)